domingo, 7 de junio de 2009

Pokemonismo: revolución, revolución estética, revuelta, berrinche etc.

Los pokemones son el resultado de un reciclaje cultural que recoge elementos visuales y musicales de diversos estilos y los adecua a una estética particular: los pantalones caídos, los piercing por doquier y los cabellos parados son tendencias absorbidas de estilos ya conocidos como el hardcore, los tatuados y el punk. Sus singulares peinados, el exceso de piercing, y la singularidad de sus vestimentas, resultaron elementos innovadores que a juicio de cierta parte de la sociedad (influida quizás, por una fuerte cobertura mediática) configuraron (o configuraban) una nueva revolución estética y un movimiento juvenil, pero ¿El boom pokemon contiene elementos que nos permitan hablar de él como un movimiento de algún tipo? ¿Podemos hablar de una cultura pokemona?

Según el concepto de cultura de Terry Eagleton, para clasificar al pokemonismo como una cultura, debemos buscar (y encontrar) en estos, una práctica de significación, una red de significados, un conjunto de actividades compartidas, valores, costumbres, creencias y prácticas a través del cual este orden social se comunique.



A pesar de que no se adscriben a ningún movimiento político, ni tampoco ostentan una bandera de lucha como grupo organizado, es posible vislumbrar una cierta ideología detrás de los pokemones. Esta se percibe como un mero espectador del fenómeno y no como discurso organizado. La ideología a la que me refiero se manifiesta a través de valores como: pluralismo, diversidad, tolerancia y respeto, valores que este grupo ha internalizado en su sistema de convivencia diaria, sin embargo, el pokemon no tiene ni trasfondo ni fundamento, no es una ideología como el punk ni una estética con tradición histórica como el gótico. El pokemon es solo apariencia, es solo imagen, aquí la desinhibición es ley, ¡una contradicción pura!

Otro hecho que ha resultado novedoso de los pokemones es el grado de aceptación frente a las libertades sexuales. La evolución en lo que respecta a temas de género (masculino-femenino) y las categorías que hasta ahora manejábamos de la sexualidad están completamente obsoletas, pero, si nos quitamos un poco la venda, nos daremos cuenta que la promiscuidad siempre ha existido, y en cierto modo se manifiesta con mayor ímpetu en la adolescencia. Ya ni siquiera cabe pensar si estos chicos son heterosexuales, gays o bisexuales, porque estamos frente a nuevas categorías, demostrando un avance cultural sin precedentes.

Los pokemones a la T.V

El boom del pokemonismo exploto el verano del 2008 cuando la oferta programática televisiva les brindó un espacio para mostrarse ante un espectador ávido por entender lo que estaba pasando con los adolescentes en Chile. Fueron integrados al matinal de TVN, al “Diario de Eva” de Chilevisión, incluso el conservador Canal Trece los incorporó en su parrilla programática en programas como Alfombra Roja. Fueron absorbidos por los medios de comunicación simplemente por escapar de los esquemas tradicionales de la moda, por traspasar los límites de lo estrafalario y porque la ausencia de discurso de este grupo les resultó bastante cómodo.

Los medios de comunicación respondieron de una manera sobredimensionada a este nuevo fenómeno estético, la instalación de estos jóvenes fanáticos del reggaeton y con extraña apariencia en la televisión abierta, sirvió para captar la atención de una sociedad, que cada vez se fue mostrando menos cerrada sobre la tolerancia, la pluralidad y la diversidad en cuanto a temas sexuales. A la larga, esto influyó en que la sociedad se desinhibiera un poco, ahora, las chicas y chicos, lesbianas y gays salen a la calle de la mano, conductas antes reprimidas, que ahora se muestran como un poco más normales, o por lo menos suceden ante los ojos de una sociedad que cada vez acepta más la existencia de la diversidad.

Las nuevas tecnologías hacen lo suyo

La desinhibición parece ser parte de la esencia de los adolescentes, y si a este fenómeno generacional le sumamos la masificación de las nuevas tecnologías, la saturación de imágenes publicitarias y la farandulización de los medios de comunicación, que promueven la instauración de arquetipos que apuntan al despertar de un imaginario erótico, tenemos un escenario natural para canalizar las desinhibiciones de los jóvenes (y los no tanto), esta desinhibición se trasforma en información habitual a la hora de formar identidades.

Diversos canales de comunicación virtual como Fotolog, Messenger, Blog y Facebook, son ejemplos de nuevas formas de interacción social. Los jóvenes se adaptan a los soportes comunicacionales, aprenden sus códigos de ingreso y se relacionan dentro del ciberespacio, estas relaciones, en algunos casos, se han trivializado como simples juegos lúdicos y sexuales pero también son relaciones humanas, de compañerismo y fraternidad.

La edad del pavo llevada a su máxima expresión visual

La constante dentro de una sociedad de consumo es la necesidad del cambio que el mercado promueve, siguiendo esta misma lógica en el campo de la cultura también es posible apreciar la renovación de tendencias musicales y sociales. Las transformaciones culturales dan cabida a tendencias, modas y es así como surgen las llamadas “tribus urbanas”.

La moda masiva de los pokemones vive su agonía. Cada vez son menos los que vemos por las calles o en sus lugares de encuentro habituales, como el Parque Forestal, donde acostumbraban reunirse en masa a tomar y compartir experiencias, o también afuera de la estación de Metro Salvador, punto de encuentro para ir a los canales de televisión, este grupo de se ha disgregado. Los jóvenes que en búsqueda de identidad se toparon con esta emergente moda ya la dejaron y quedan los menos.

Los pokemones son (o fueron) adolescentes como cualquier otro, que han llevado al extremo lo que hemos estado haciendo los jóvenes de está ciudad durante hace años. Los lugares de encuentro continúan siendo los mismos desde la década de los noventa: el Portal Lyon, el Eurocentro, el Parque Forestal son destinos frecuentes de un público juvenil que recurre a estos lugares en búsqueda de identificación generacional, propia de una industria cultural que provee de bienes materiales, transformando la forma de los movimientos juveniles, pero no la naturaleza de estas formas de expresión.

Vivimos en una sociedad fragmentada por falta de discursos comunes. Si antes los sujetos se organizaban en torno a ideas políticas, ahora se reúnen en torno a la música, a la vestimenta y a lo visual. En la sociedad del consumo la imagen cobra sentido. Vivimos en un estado de continua diferenciación con el otro, los pokemones en este sentido nacieron quizás como una manera de romper con lo establecido, hay una resignificación de la cultura trasnacional que propone el mercado y se adquieren prácticas asociadas al consumo.

Vivimos en una sociedad que le ha restado importancia a la política, no adscribimos a ningún movimiento, lo pokemones nacidos y crecidos en democracia llevaron al máximo su libertad y su estética, limitando, para algunos, con el absurdo y con el escándalo, incluso lograron repercusión mediática, pero por tratarse más que todo de una revolución estética, le será difícil trascender.

El pokemonismo es un fenómeno cultural de carácter temporal que tiene que ver más con la edad que con cualquier otra cosa, todas las décadas están marcadas por tendencias ligadas a estilos musicales y a su vez con sucesos históricos y sociales, lo pokemones, tuvieron su historia, su cultura y una sociedad que los miró con asombro, pero ya fueron, las nuevas generaciones dirán lo suyo.

Francisca Flores

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