sábado, 30 de mayo de 2009

Los Fondos de Cultura en Chile ¿otra forma de Branding-país?

¿Para qué sirven los fondos de apoyo a la creación artística estatales? Una pregunta quizás un tanto compleja que puede llevar a equívocos, pero ante todo es una interrogante que incumbe a todos quienes se desempeñan en el área artística, cultural y también a la población en general.

El panorama cultural chileno ha vivido intensas etapas de contingencia, luchas políticas, búsqueda de un espacio abierto a todo tipo de manifestación artística, entre otras cosas. Hechos que en un momento determinado apelaban a la creación de una institucionalidad cultural que en plena Dictadura era inexistente, ya que todo acto dictatorial desmiembra al sistema político y social, no dando cabida a un aparato cultural heterogéneo.

Como bien sabemos el arte como hecho cultural siempre conlleva una estrecha conexión con una ideología, con la política y ante todo con su contexto de producción. Elementos que se convierten en un peligro dentro de gobiernos autoritarios como la Dictadura del General Pinochet en Chile. Es por esto que se silencia, se prohíbe y se crea un medio inquisitivo de censura que es capaz de detentar qué es arte y qué no lo es.




Es así como en la época de los ochenta se impone como lo culto un folclore burgués que propone a la cueca como baile nacional, la trascendencia del artesanado por sobre las artes visuales, junto con una imagen conservadora de las bellas artes. Frente a este escenario la actividad artística chilena, sobre todo las artes visuales comenzaron a emerger como entes de resistencia. Tenemos como claro ejemplo el CADA y los movimientos de avanzada. Este panorama cambia con el regreso a la democracia el año noventa. Bajo el gobierno de Patricio Aylwin se intenta abrir nuevamente el espacio al arte silenciado. Pero esto no es tan productivo ya que no se poseía la experiencia necesaria para crear un aparato gubernamental encargado de subsidiar y apoyar la escena artística chilena. Es así como surge el denominado FONDART, una especie de ensayo error.

El caso FONDART:

Su creación data de 1992 siendo como antes mencione un intento por subvencionar el arte nacional luego de la Dictadura. Se transforma en una especie de experimento dentro de un sistema carente de institucionalidad cultural, por lo tanto surge en un escenario totalmente desconocido en donde se verán muchas falencias, sobre todo en la entrega de los recursos que el fondo otorgaba a los proyectos ganadores. Año tras año, luego de publicados los resultados los reclamos y críticas se dejaban oír respecto a la calidad de los evaluadores, la repetición de los nombres de los ganadores y ante todo cierta falta de seriedad al momento de escoger los proyectos.

Como medida paliativa la mejor solución fue realizar una rotación en relación a los jurados, pero aún así la problemática continuó hasta estos días. Principalmente en la administración del Fondo, donde los dineros otorgados demoran en llegar a su destino, lo que causa que tanto aparataje burocrático muchas veces deje estancados la puesta en escena de muchos de éstos. Otra problemática es que luego de entregado el dinero la administración se desentiende del proceso, no toma en cuenta su funcionamiento, no realiza un seguimiento que pueda aportar ayuda crítica frente a cómo éste se ha llevado a cabo. Muchas veces los proyectos, especialmente los del ámbito teatral no logran trascender, ya que el dinero sólo alcanza para una puesta en escena y su vida útil nuevamente cae a la deriva. La misma situación se puede vislumbrar en los proyectos de regiones, los cuales no tienen la misma coyuntura que los de Santiago, los que muchas veces en mayor medida muestran su descontento frente al funcionamiento de este Fondo.

Estas no son las únicas falencias que debemos tomar en cuenta. Quizás el error más grande del FONDART es su implementación tecnocrática a través de la postulación por medio de formularios que conllevan un tipo de lenguaje que no es de conocimiento de todos. Por tanto ¿Cómo se pretende implementar un concurso a través de este formato si muchas veces los artistas desconocen su llenado? De ahí que grandes proyectos salgan al agua, al no haber cumplido con los requisitos de llenado y a su vez quiénes se hacen del arte tecnócrata son quienes logran cada año conseguir dicho fondo. Queda abierta la pregunta frente a esta situación y dos las soluciones: El arte en chile se tecnocratiza o sencillamente apocalípticamente se desestructura los Fondos teniendo otro medio de postulación que desmiembre su actual funcionamiento. Ninguna de las dos opciones está libre de males.

Soluciones parche:

Luego del fracasado caso FONDART (aunque el gobierno no lo asimilará así) se intenta tapar la desorganización, la mala administración de los fondos al institucionalizarlos en una nueva “imagen cultural”: El Fondo de la Cultura y Las Artes. Lo que a mi parecer sería otra solución que intenta tapar el gran agujero de la desmerecida imagen del FONDART, pero que aún se ve envuelta por críticas. Principalmente creo que éstas surgen a partir de la noción de solución parche, ya que el gobierno decide instaurar en el 2003 una institución cultural que permite al igual que su antecesor un sistema de postulación de fondos para proyectos culturales que subdivide las áreas de especialización: Fondo Audiovisual, Fondo del Libro y la lectura y el Fondo de la música nacional. Este supuesto cambio apelaría a una mejor administración del financiamiento para las distintas áreas artísticas. Atendiendo que cada una de éstas pertenecen a “las grandes industrias culturales de nuestro país”: El Cine, las disqueras y el negocio editorial.

La importancia de estas tres manifestaciones radica en la masificación que éstas tienen frente al público, quienes tienen mayor acceso a comprenderlas y a su vez son más accesibles en término material, ya que si tomamos como ejemplo una muestra de body art o un happening sólo duran un instante que se vuelve intangible.

Quizás esta es la lógica de las medidas gubernamentales para dar mayor cabida a estas tres áreas, el hecho que son más masivas y que crean una relación de oferta y demanda. Lo que el gobierno plantearía a través de esta conformación de industrias culturales es una manera de regular y a la vez financiar los proyectos a través del mercado, por tanto, así el estado se desentiende del problema y asume que con estas nuevas medidas de subvención las disciplinas artísticas están preparadas para subsistir por sí solas, ya que la industria cultural les entrega dichas herramientas que por sí solas no podrían haber alcanzado.

Es francamente criticable como el Estado de manera ignorante ha decido convertir la escena artística nacional en un slogan barato que constantemente apela a qué cultos somos, a la existencia de un espacio abierto para el arte en Chile. Pero si analizamos esta situación, el arte no puede ser tomado como un ente anexo al Estado que forma parte de otra de las estrategias de imagen, un instrumento más dentro del sistema. El que pretende darle cabida, pero es incapaz de implementar una estructura cultural que sepa realmente subvencionar, que tenga conocimiento y que finalmente se comprometa con el círculo artístico.

La mayoría de los errores que presentan en general los fondos de ayuda estatales se basan en una política gubernamental muy de moda por estos días: el branding-país, un intento de posicionar a Chile dentro de una imagen de nación con miras de desarrollo. Chile en este sentido buscaría dar un valor al arte dándole a éste la imagen de marca que es capaz de absorber, que envuelve pasión y que sirve a su vez como una estrategia que motive la idea de Chile un país “civilizado” y que escala por salir de la categoría de tercermundista. El branding entonces surgiría al momento de buscar en las artes y la cultura un elemento diferenciador que muestre cuán avanzada está la nación. Para ello se utiliza la exaltación de esta imagen del Estado como portador de cultura que tendría su máxima conexión emocional a través de los Fondos de apoyo artísticos.

Con el branding- país se pretende insertar una estrategia de comunicación de los valores que convierten al arte en producto. Por lo tanto, es así como comienza a elevarse la imagen del país y con ello el logro de una incrementación tanto en las inversiones locales como las extranjeras.

Lo que se ve en los Tratados internacionales como el de Libre comercio, donde se contempla la circulación de obras de arte como productos cargados de un alto valor simbólico y a su vez la instancia de la creación o institucionalización de la llamada Propiedad intelectual o derecho de autor.

Dentro de este circuito los fondos son otra estrategia más que permiten dar a Chile la posición de marca cultural y socialmente culta, ya que son los que la mayoría de las veces abren el campo a las industrias culturales, al mostrar que chile si produce arte y que el Estado es el encargado de abrir el espacio y el apoyo para que estas empresas culturales puedan manifestarse y logren desempeñar su misión llámese civilizadora, cultora o educadora.

El craso error de tratar de insertar a los proyectos artísticos dentro de una industria cultural es que nuestro país, aún no ha podido establecer las políticas necesarias que puedan subvencionar adecuadamente la agenda cultural.

Sobre todo al carecer las obras de un valor industrial, ya que muchas veces éstas se terminan por perder en alguna bodega, o pasan a transformarse en un happening que dura sólo una puesta en escena, un sólo estreno o sencillamente una sola edición que no alcanza a superar las expectativas de su autor.

Tampoco los aparatos gubernamentales hablan del arte como un producto y menos si volvemos al ejemplo de los fondos del cine, del libro y de la música donde las obras no se instauran como bien cultural que parte un ciclo marcado por: la creación, la edición, producción, difusión o circulación.

Cómo el gobierno pretende instaurar ciertas industrias culturales si la mayoría de los productos culturales provenientes de los proyectos de los fondos artísticos sólo alcanzan la primera etapa de este ciclo: la creación y en algunos casos la edición, si es que nos enfocamos a la danza, fotografía, teatro y las artes visuales. Como vemos al no completarse el ciclo se pierde el valor de producto, ya que éste no circula, no logra masificarse ni estar al alcance de todos. Quizás la cadena de valor si se de en la música, el cine y los libros, pero ¿hasta qué medida esto es así? ¿Realmente la circulación tiene el alcance esperado por sus autores, logran no quedar en el olvido?

Lo más paradójico de todo esto es que el estado trata de insertar una supuesta industria cultural, pero cómo ésta puede llegar a buen fin si ni siquiera se asegura la recepción de las obras, su distribución. Si no existe el espacio abierto a la exhibición. Mi pregunta es ¿cuántos proyectos ganadores hemos visto en el cine? ¿Tenemos conocimiento de los artistas beneficiados? La respuesta todos la sabemos.

Es así como ¿Podemos hablar hoy en día de Industria cultural en Chile? tomando en cuenta todo lo que el término en sí conlleva. ¿Nuestro arte se inserta dentro de las normativas mercantiles de la oferta y la demanda? ¿Pasan a ser los proyectos ganadores de Fondos estatales bienes económicos?

Si tomamos en cuenta todas estas preguntas nos encontramos en un territorio ambiguo, sin respuestas neutras o claras. Las cuales simplemente dan cuenta de las estrategias estatales a través del branding-país con el cual intentan a su vez homologar nuestro espacio artístico y cultural con los países desarrollados. Tratando de instalar un modelo económico- cultural que quizás en nuestro país aun no tiene gran cabida. Ante esto las autoridades deberían replantearse lo que conlleva la idea de industria cultural. Si nos remontamos a sus comienzos en la escuela de Frankfurt la ideología que ésta conlleva es generalizadora, ya que trata de la misma forma al todo, tanto como a sus partes. De ahí que Horkheimer y Adorno vean que la oposición entre el todo y las partes es algo incoherente, sobre todo si nos encasillamos en los detalles, porque a nivel artístico y cultural llevan a un iluminismo errado y mistificación de las masas1. Las autoridades tratan de realizar este mismo ejercicio, al predisponer que la instauración de estas políticas culturales creará una mayor conciencia en la población que les permitirá ver y pensar de manera más ilustrada, o lo que podemos llamar una especie de adoctrinamiento o educación de las masas.

Frente a este tema me ¿pregunto qué podemos hacer para organizar, limpiar y lograr una buena administración y subvención de la cultura en nuestro país? Como primera opción ¿Cuestionarnos su existencia?, Desmembrarla desde dentro o simplemente ser capaces de ver que en apariencia existe pero aliada a una estrategia estatal publicitaria. Y ya siendo críticos frente a estas opciones ser capaces de pensar cómo dar solución a la problemática artística chilena.



Carolina Figueroa L.

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